Septiembre en Chiapas

Septiembre en Chiapas

miércoles, 18 de mayo de 2011

Palabras pronunciadas por el Diputado Zoé Robledo, a nombre de los tres poderes del Estado de Chiapas, con motivo del III Aniversario Luctuoso del Profesor Edgar Robledo Santiago. Tuxtla Gutiérrez, Chiapas 9 de mayo de 2011



En agosto de 2007 acompañé a mi Tío Edgar Robledo Santiago a un viaje a Motozintla. Él insistía en definirlo como la despedida de la tierra que lo vio nacer, yo le aseguraba que era un reencuentro que abriría una nueva etapa. Al final él tuvo razón. El motivo oficial era recibir sentidos y muy merecidos homenajes: el Cabildo Municipal lo nombró hijo predilecto de Motozintla y fue develado un busto que es centinela de las puertas de la Biblioteca Municipal. Pero había otros motivos; saludar a viejos amigos, respirar el aire fresco de la Sierra y, sobre todo, hablar y recordar, y en ese ejercicio, revivir los primeros años, las primeras luchas, el nacimiento de una causa, el compromiso con un ideal.


Tuve la enorme fortuna que el vínculo familiar me permitiera conocerlo; los intereses y pasiones compartidas me llevaron a admirarlo y, en los últimos años, tuvo la generosidad de compartir conmigo de lo que tenía mucho -sabiduría- y de lo que le quedaba poco -tiempo-. A partir de este intercambio se configuró la naturaleza de nuestra inédita relación: tío, maestro y amigo. Así lo conocí, así lo entendí y hoy, tres años después de su muerte, así lo recuerdo.


Estando con él en Motozintla ubicamos nuestras conversaciones en sus primeros días, sus primeras brechas, sus primeras decisiones. Recordaba todo con la precisión del arquitecto que no olvida donde se ubican los cimientos de su destino. Ante la pregunta expresa sobre las raíces de su vocación como educador no dudó; su respuesta fue contundente: "Mientras existan analfabetas en Chiapas, habrán explotadores y mientras hayan explotadores habrán injusticias". Entonces lo entendí, ese era el motor de su mística; el hombre como producto de su entorno social, la vida como oportunidad para servir, la trascendencia medida por un ideal. Y es que al final eso fue Édgar Robledo Santiago: un hombre con un ideal.

Parafraseando el título de su biografía,  su vida al servicio de muchas vidas, no se entiende sin un triple acto de fe: cumplir, hasta las últimas consecuencias, con los ideales que institucionalizaron a la Revolución Mexicana, los que le dieron sentido a la lucha armada, identidad a la sociedad y futuro a la nación: la escuela rural, el sindicalismo y la seguridad social. De esta trilogía republicana fue protagonista incansable e inspiración permanente.


El profesor Édgar Robledo hizo suya la mística educativa del cardenismo: "La mayor riqueza de un país es el cultivo de la inteligencia de su población". Lo mismo como maestro rural, director de escuela que como líder magisterial, no se conformó con impartir nociones generales; se convirtió en un guía social que penetró con píe firme el surco del campesino y el taller del obrero; se convirtió en un formador de conciencias, combatiente de ignorancias e impulsor de talentos.



Inculcó, dentro y fuera del aula, valores sólidos y conocimientos pertinentes, dotó a generaciones de maestros para que, a su vez, dotaran a generaciones de alumnos con las herramientas necesarias para desempeñarse con provecho bajo las nuevas condiciones de la sociedad, la economía y el trabajo. De forma particular  fue destacada su entrega a la causa de la educación en Chiapas y su seguridad de que ésta no era una causa perdida. Don Édgar fue uno de los artífices de la diferencia entre las cartas con huellas digitales de los Altos de Chiapas y las peticiones con firmas estilizadas de la Sierra Madre. Parece profecía su sentencia de 1965. "La paz no se conquista con armas sino con escuelas".

Un pasaje que lo pinta de cuerpo entero me lo contó el Doctor Erwin Rodríguez, serrano de nacimiento y vocación. Dice que la primera vez que supo de Don Édgar fue camino a Bejucal. Ahí, Erwin se encontró a Don Emilio Velázquez de Progreso. Don Milo había sido designado por el Comité de Educación para conseguir una mula para que Don Édgar montara en su visita a Bejucal.


Antes de partir, alguien le comentó al profesor Emilio: "Es usted muy afortunado, Don Milo, va a ir usted a traer a un hombre muy grande". En lugar de halagarlo, a Don Emilio lo angustiaron estas palabras, porque pensó que se referían a su tamaño físico y la mula que había conseguido estaba muy pequeña y escuálida y no iba a aguantar llevar en su lomo a un "hombre grande" como era Don Édgar Robledo.

 Por más que intentó reemplazar a la mula, no halló otra de mayor calibre, por lo que desistió de su tarea. Entonces, Don Édgar, tuvo que ir a pie al encuentro de su responsabilidad. A lo mejor tenía razón Don Milo; y es que Don Édgar era espiritualmente muy pesado. No sería la primera vez ni tampoco la última vez que Édgar Robledo recorrería a pie los sinuosos caminos de la Sierra Madre de Chiapas.

 Édgar Robledo, el líder comprometido, fue generoso, humanitario y creativo en el ejercicio de un liderazgo firme y auténtico. Entusiasta pero prudente, combativo pero institucional, exigente pero nunca autoritario, poderoso pero siempre honesto, personificó un modelo de líder sindical que ha sido escasamente imitado; uno que se nutre de la idea de una revolución como fuerza creadora, jamás destructiva. En sus palabras: "El revolucionario no es sólo el que se revela ante lo injusto, sino el que colabora de forma franca y decidida hacia lo justo".

 Édgar Robledo, el servidor público, no admitía que quienes dirigen las instituciones públicas permanezcan indiferentes y fríos ante las necesidades populares; sabía que mantenerse estático es una complicidad disfrazada; asumió las encomiendas de la República sin simulaciones, con dignidad, dinamismo y sacrificio. Ayudó mucho y a muchos. Su vocación de servicio se aprecia en las grandes obras públicas y en las pequeñas lecciones privadas: cuando don Édgar supo que no tenía otra cosa que dar más que su presencia, su atención, su experiencia y sus consejos tampoco los negó. En 2006 y hasta su muerte volvió con orgullo a su última trinchera de servicio: La representación del Gobierno de Chiapas en el Distrito Federal.

Édgar Robledo, el multipremiado maestro, tuvo otra faceta admirable que, a la postre, se convertiría en envidiable retiro parcial: la de escritor. Sentía a Juárez en las entrañas, admiraba a Belisario Domínguez en su congruencia y concebía la historia de Chiapas como una hazaña de la resistencia. Evidencia de su enorme generosidad, no escribía desde la tribuna dorada del erudito, sino desde el piso de tierra de quien desea sin rebuscamientos y con un pensamiento claro, limpio y directo, simplemente enseñar.

Don Édgar, el institutor, confidente, consejero y amigo era querido por los rasgos más personales de su actitud; por su generosidad desinteresada, por la raigambre de sus dichos y hechos, por su lealtad infinita, por su sencillez auténtica, por su ingenioso sentido del humor pero, sobre todo, por la pureza de sus convicciones. Su departamento en Coyoacán era una parada obligada de muchos chiapanecos que llegaban a buscar un consejo, una palabra sabia y solidaria.


Señor Gobernador,


En ese departamento, por ahí de 1994, escuché por primera vez el nombre de Juan Sabines Guerrero. Don Edgar me acercó un ejemplar de la revista Chiapas, la publicación de la representación de Chiapas en el DF, y me dijo que leyera la colaboración de un joven en quien tenía muchas esperanzas y a quien consideraba su amigo. Y me dio una gran lección: “La política se hace en el campo, pero también con la pluma y las ideas”. Sé que Don Édgar estaba muy orgulloso de esa amistad, confiaba en usted y usted nunca le falló, cuando volvió a llamar al Profesor al encargo del que había sido separado en el sexenio anterior, se hizo un acto de reconocimiento, de justicia, pero sobre todo de amistad. Sé que hoy tendrían mucho de que platicar.


Amigos todos,

A pesar de su edad (90 años a los que se refería revolucionariamente como "la bola"), su muerte fue repentina y dolorosa; quizá por la conciencia del enorme vacío que dejó entre amigos y discípulos de todas las edades. Su sabiduría era un manantial generoso que no puede sustituirse con los libros, ni siquiera con los suyos.

En esta etapa del devenir de nuestra sociedad, en que el giro de la evolución oscila fatalmente entre el egoísmo individualista y un concepto más amplio y más noble de la solidaridad colectiva, hombres como Édgar Robledo Santiago harán mucha falta. Hoy, quienes lo quisimos y admiramos no podemos perdernos en las lágrimas, los sollozos y suspiros que provoca su muerte. A él no le hubiera gustado. Nuestra responsabilidad está en ratificar sus ideales, demostrar que sirvieron, que fueron útiles y provechosos, y que, en su ausencia, servirán como fuente de inspiración, ánimo y voluntad para imaginar los nuestros.


lunes, 25 de abril de 2011

Palabras pronunciadas por el diputado Zoé Robledo en la ciudad de Comitán de Dominguez, a nombre de los tres Poderes del Estado, en el Homenaje por el CXLVIII Aniversario del Natalicio del Dr. Belisario Domínguez Palencia.







Don Belisario Dominguez, es referente para todo México. Un ejemplo de congruencia, valor y decisión. Cada 7 de octubre, en su aniversario luctuoso, recordamos al héroe, al Senador valeroso que enfrentó la injusticia y la traición con armas más poderosas: El pensamiento y la palabra. Don Belisario fue Senador de la República por sólo siete meses, los últimos de su vida, suficientes para mostrarle a la nación su estatura, su verticalidad y congruencia.

Pero además de su valiente  sacrificio, su vida está llena de grandes acciones. La dimensión de Don Belisario Dominguez, se explica, SÍ, por sus ideas y sus ideales, SÍ, por su pluma comprometida y libre. Pero, indudablemente, su trascendencia  también se explica por su forma de entender la vida siempre al servicio de los demás.
Hoy que conmemoramos su natalicio, celebramos al hombre, al vecino de Comitán, al médico solidario y apasionado de esta tierra. Al alcalde comprometido y sencillo. Al ciudadano de altos valores, que nutrido del ejemplo familiar, estuvo siempre dispuesto a dar todo por su gente. Hoy conmemoramos a Don Belisario, no al bronce, sino al hombre de hechos.

Belisario Dominguez fue un gran mexicano, porque fue un gran chiapaneco. Su relevante estatura nacional que lo hace estar inscrito en letras de oro en nuestro Honorable Congreso del Estado, sólo se explica por su apasionada labor social y humanista, por su actitud humilde, por su congruencia personal y por sus acciones cotidianas nobles y responsables. De esa vida de hechos, son muchas las lecciones que dejó Don Belisario. Permítanme compartirles las que considero reflejan su grandeza como ser humano, como chiapaneco de excepción y como mexicano ilustre.

La primera es sobre la lealtad. La coherencia ética del individuo con los principios, con la verdad y sus convicciones. En su momento, Don Belisario hizo saber el crimen más brutal de Huerta: la traición a la confianza que en él había depositado Madero. Una acción vil de deslealtad. Ser leal, ayer y siempre, es ejercitar la congruencia. Es hacer coincidir los principios con las acciones y las acciones con el interés de la República. La lealtad  no es sólo una virtud, es condición fundamental para el ejercicio político.
La segunda es su actitud humilde y sencilla. El 17 de julio de 1889 obtuvo su título de médico cirujano, partero y oculista después de sustentar un brillante examen profesional. Y volvió a su tierra, aquí, a Comitán, a ejercer con abnegación y sapiencia su profesión. 

Don Edgar Robledo Santiago escribió sobre Don Belisario Dominguez: “Belisario Domínguez es un hombre singular en la humanidad. Ni su ciencia, ni sus cargos lo engrandecieron. Su grandeza era innata. Nació para la filantropía. Llevaba medicinas y consejos a sus enfermos, las medicinas eran parte de su patrimonio, los consejos eran parte de su alma. Nació para servir al pueblo”.

En su sencillez, Don Belisario Dominguez, ya con una brillante carrera política en Comitán y prestigio en todo el estado, declinó ser candidato a Senador por Chiapas, y aceptó la suplencia en la planilla que encabezó Leopoldo Gout, su amigo y compañero de luchas liberales. Once días después de recibir con dolor e indignación la noticia del asesinato del presidente Madero y el vicepresidente Pino Suárez; el 3 de marzo falleció el senador Gout y enseguida Don Belisario fue llamado como suplente para cubrir la vacante. Le correspondía actuar desde la tribuna más alta de la República en momentos dramáticos de la vida nacional.

La tercera lección es sobre el compromiso con la democracia. El Senador chiapaneco se formó en la escuela del liberalismo mexicano y del positivismo progresista. Estas vertientes del pensamiento conformaron su vocación por la democracia. En este sentido, hizo una contribución fundamental: Reanimar la causa de Madero: El vínculo entre la revolución y la aspiración de elecciones libres.

La cuarta lección es sobre la soberanía. En sus escritos y discursos, Don Belisario sitúa la integridad de la nación como la esencia del quehacer de los mexicanos. Su formación universal lo lleva a entender la soberanía como un principio integral. Pero para él, la soberanía no se limitaba a la salvaguarda de las fronteras del país, sino implicaba la elevación de las condiciones de vida de sus habitantes y el respeto a las garantías individuales y sociales.

El 25 de abril de 1913 cuando Francisco León de la Barra, ministro de  Relaciones Exteriores, se presentó en el Senado para solicitar la ampliación del plazo de permanencia de los barcos norteamericanos en Veracruz, se oyó la voz honesta de Don Belisario: "Señores Senadores, yo votaré en contra de la autorización que se nos pide, porque ella es un voto de confianza al gobierno que asesinó al presidente Madero”.

La quinta lección de Don Belisario Domínguez es sobre el ejercicio pleno de la libertad de expresión. En pos de un vehículo de expresión anímica e intelectual, fundó el periódico “El Vate” y en 1903, diez años antes de su muerte, con recia pluma escribía:
“Vigilad de cerca todos los actos públicos de vuestros gobernantes, elogiadlos cuando hagan bien, criticadlos cuando hagan mal. Sed siempre imparciales en vuestras apreciaciones. Decidid siempre la verdad y sostenedla con firmeza entera y muy clara.”

Grande fue la fe en la prensa de Don Belisario. Postuló la necesidad de que la sociedad creara sus propios medios, aún cuando estos fueron modestos. Utilizó el periodismo para decir verdades, para cultivar virtudes, para construir cívicamente, para elevar culturalmente, para combatir odios, rencores y mentiras. Para él, la libertad de palabra no era un atributo ornamental, sino un recurso vital de la existencia democrática.

Estas cinco lecciones nos dan perspectiva en el tiempo y nos sirven para responder a nuestras realidades. Pero las grandes lecciones de heroísmo del Senador Domínguez no se reducen a un motivo de bronces, son ejemplo vivo y cotidiano.

Señoras y Señores

Don Belisario es un héroe por que sostuvo con firmeza la verdad. Con la vulnerabilidad de un héroe civil y la grandeza de los personajes épicos, dio una gran lección sobre el cumplimiento de los deberes del ciudadano cuando ve en peligro las instituciones políticas de su país.

Don Belisario Dominguez es un héroe por que, para recrear la vigorosa expresión del poeta mayor Jaime Sabines, "anduvo con su propia muerte en las manos", poniendo en su palabra la dignidad del Senado de la República y de nuestra historia.

Ya lo dijo el poeta Enoch Cancino Casahonda: “Los héroes son nuestros puntos de referencia en el tiempo, señales que nos indican el camino. Atentos recordatorios para reprimir nuestra indolencia, nuestra vanidad, nuestra prepotencia; para servir sin descanso”.

Hagamos honor al legado de  Don Belisario Domínguez, al héroe sí, pero también al hombre, al Ser trascendente, al senador de ideas, valores y sacrificio; y también al vecino, al doctor, al alcalde, al político de ejemplos y hechos

Chiapas sabe dar a la nación grandes ejemplos y grandes hombres. Sabe mostrar a todo México Hechos y no solo palabras. Los grandes chiapanecos son también grandes mexicanos. Quienes sirven a Chiapas, tienen dimensión para servir a todo México. Don Belisario Domínguez es sin duda en ello, ejemplo e inspiración, guía  y camino.

Muchas Gracias

domingo, 13 de marzo de 2011

¿Por qué caerá Gaddafi?

   



  • Tras más de 41 años en el poder, todo apunta a que Muammar Gaddafi caerá, repudiado por la mayoría de su pueblo.


Por Zoé Robledo



"Yo sólo fui un aspirante a dictador. La historia te enseña que los dictadores no terminan bien". 


Augusto Pinochet (The Dictator de Jon Lee Anderson, The New Yorker, 19 de octubre de 1998).



"Su vida fue una serie no interrumpida de delitos, de voluptuosidades, de fraudes y de imposturas. No fue castigado, ¿pero fue feliz? Dios lo sabe; yo sólo sé que sus vasallos fueron desgraciados". Así describe Voltaire a Constantino el Grande en su Diccionario Filosófico (1764); usa su ejemplo para ilustrar el término tirano. Las mismas palabras podrían usarse como epílogo de una de las dictaduras más largas, excéntricas y brutales del siglo XX y lo que va del XXI: la del dictador libio Muammar Gaddafi.



¿Cómo caerá Gaddafi? Es una pregunta imposible de responder. Con Gaddafi lo inverosímil adquiere otro significado. Tan es posible que sea arrestado por la Corte Penal Internacional, como que huya a alguno de los pocos países donde todavía sería bienvenido (llámese Venezuela o Nicaragua); que se vaya como un mártir, como él mismo lo ha dicho y espere a que los manifestantes vayan por él a su complejo militar/palacio/búnker de Bab al-Azizia (el mismo que se negó a reconstruir luego de que Reagan ordenara bombardearlo en 1986). ¿Cuándo caerá? También es terreno de lo indescifrable. Lo que sí es posible enunciar son los elementos de una pregunta aún más importante: ¿por qué caerá?


1. Porque la institución de las tribus se está desmoronando.

Libia es un país de tribus. Su nombre proviene de una de ellas: los Libu, antiguos bereberes que ocuparon la Libia de la antigüedad. La mítica forma de vida de las tribus beduinas supera la postal de caravanas de comerciantes y ganaderos que cruzan el desierto en camellos. En realidad son el ordenamiento social y político de mayor arraigo e importancia. Gaddafi lo sabía desde que tomó el poder en 1969: para asegurar su permanencia debía manipular a las tribus. Entonces instauró la Jamahiriya, una simulación de República Popular sustentada en comités cuyos miembros eran elegidos entre las tribus más obedientes. Les dio privilegios, las cooptó, las compró y las transformó en la estructura de la administración pública. De esta forma, Gaddafi creó un régimen en el que el poder se concentraba en sus manos para luego pulverizarse desordenadamente entre los grupos tribales de la antigüedad. Sin instituciones, partidos políticos, oposición, sindicatos o cualquier otro contrapeso, ni siquiera una Constitución. Ahora ese sistema tribal será el que decida la nueva distribución del poder. Tres son las que tendrán posiciones estratégicas:

Los Warfallah, del este de Libia, son la tribu de mayor peso demográfico con más de un millón de integrantes. Son adversarios de antaño de Gaddafi a partir de un reclamo por corregir lo que consideran una exclusión injusta: han permanecido marginados del reparto de la riqueza petrolera del suelo que habitan en la región de Cirenaica. No sorprende que fueran los primeros en darle la espalda y pedir su dimisión.

En contraparte, está la tribu de los Gaddadfa, de la que proviene Gaddafi; menor en número de integrantes pero con un gran poder debido al reclutamiento de sus miembros en posiciones de mando de las fuerzas de seguridad y la fuerza aérea.

En este contexto, la tribu que aparece ahora como fiel de la balanza es la de Magarha, que durante muchos años gozó del favor de Gaddafi, quien los incorporó a las Fuerzas Armadas. Es la segunda en población y aunque hasta el momento se mantiene fiel al régimen, su posición parece incierta a partir de la violenta reacción de Gaddafi.

Gaddafi creó un complejo equilibrio entre tribus, en el que se presentaba como el gran árbitro entre ellas. Hoy esa estructura de poder se está derrumbando. Y sin ella, Gaddafi es insostenible.

2. Porque ignoró la fuerza de los jóvenes.

La edad promedio en Libia es de 24.2 años y más de un tercio de la población (6.4 millones de habitantes) está entre los 14 y los 29 años. Ellos son la base social de las revueltas libias. Sus causas no son distintas a las de los jóvenes de Túnez o Egipto: la misma mezcla explosiva de frustración, descontento político, evolución en el uso de tecnología y voces de jóvenes desempleados (con tasas del 30 por ciento). Todo un nuevo esquema de aspiraciones sin posibilidades de mejoras a la vista.

A esta circunstancia se suma otra exigencia que se ha escuchado fuerte en el Magreb: reformas y libertad. Si la actitud de las tribus representa la ruptura del sistema político de Gaddafi; la de los jóvenes es la expresión del malestar social generalizado.

3. Porque se quedó sin sucesor.

En Libia se daba por hecho que Gaddafi heredaría el poder a uno de sus ocho hijos. El problema era decidir a cuál de ellos. Entonces surgió una estrategia que parecía impecable: mostrar una cara reformista hacia el exterior aunque la línea dura se mantuviera al interior. El que mejor podía desempeñar ese papel era Saif el Islam, el segundo hijo de Gaddafi, un joven con un aspecto sobrio, un discurso occidentalizado y un doctorado de la London School of Economics (LSE): el progresista que guiaría al país hacia la modernidad. A su imagen se comenzaron a asociar posturas de moderación y acercamiento con occidente A él se atribuía la liberación de rehenes occidentales en manos de la guerrilla filipina Abu Sayyaf; la mediación en el pago de las indemnizaciones a los familiares de las víctimas del atentado aéreo de Lockerbie en 1988 (que derivó en el levantamiento de las sanciones de la ONU contra Libia); fue un factor decisivo en las negociaciones de 2007 para liberar a las cinco enfermeras búlgaras condenadas a muerte por haber infectado a más de 400 niños libios con el virus VIH, y la decisión, en 2003, de abandonar los programas de armas de destrucción masiva. Saif el Islam fue considerado por los países occidentales como el hijo que podría transformar, aunque fuera gradualmente, a la autocracia libia. Hoy es el vocero de la sangre. Apareció en televisión, pero no para hablar de reformas, sino para defender el brutal ejercicio de poder de su padre. Más de uno se decepcionó y otros aprendieron que es difícil salir impune de una relación con un dictador o sus familiares. El director de LSE, Howard Davies, tuvo que dimitir, no por el hecho de que Saif el Islam estudiara ahí, sino por haber recibido su dinero en forma de donaciones y la sospecha de que plagió su tesis doctoral.

4. Porque la intervención internacional es inevitable.

En el mejor de los casos, Gaddafi había engañado a las democracias occidentales. El padre de la Tercera Vía, Anthony Giddens, lo visitó en 2007 para hablar sobre el tema de la democracia. Días después Giddens escribió en The Guardian un pronóstico optimista: Gaddafi encabezaría la marcha hacia la democracia política en África. "Si se tiene en cuenta lo que suelen ser los estados de partido único, Libia no resulta particularmente represiva. Gaddafi parece auténticamente popular". En el peor de los casos, todos se hacían los disimulados de lo que ocurría en Libia por indiferencia o complicidad. No era ningún secreto que durante los últimos 41 años, Gaddafi había violado, cuando no exterminado, todos y cada uno de los principios democráticos: justicia, derechos humanos, libertad de expresión, elecciones. Para la organización no gubernamental Freedom House, Libia tiene el status de "país no libre" y tiene la peor calificación posible en la medición de derechos políticos y libertades civiles. El silencio de occidente fue ominoso. Por ello, ante la gravedad de la situación actual algún tipo de actuación militar es inevitable ¿Qué forma podría tomar? Son muchas las opciones. Las de carácter humanitario incluyen la designación de zonas seguras en las fronteras para la atención y evacuación de refugiados o la creación de corredores humanitarios para atender a la población civil.

Pero la verdadera discusión está en la pertinencia de establecer una medida aún más severa: una zona de exclusión aérea. Esto implicaría, según explicó el secretario de Defensa estadounidense, Robert Gates, un ataque a Libia para destruir sus defensas aéreas para poner fin a los ataques de Gaddafi contra la población. La medida es viable técnicamente, pero no lo es diplomáticamente; sería rechazada por los dos miembros con derecho a veto del Consejo de Seguridad de la ONU que son más sensibles respecto a su propia soberanía: China y Rusia. El tema de la intervención militar ha puesto a las potencias en una disyuntiva: la salida del respeto a la soberanía de un país, o el deber de intervenir ante una masacre que es posible detener. De una forma u otra, la comunidad internacional está obligada a superar los obstáculos, por grandes que éstos sean.

5. Porque es hora de que caiga.

El miércoles 9 de marzo fue un día especial para Muammar Gaddafi. Fue el día en que subió un peldaño más en su récord de dictador. Cumplió 41 años y 189 días en el poder, con lo que supera a Omar Bongo, presidente de Gabón que se mantuvo en el poder del 2 de diciembre de 1967 al 8 de junio de 2009, es decir 41 años y 188 días. De esta forma, Gaddafi se convirtió en el cuarto mandatario que, sin ser miembro de la realeza, ha gobernado su país durante más tiempo de forma consecutiva. Lo superan únicamente Fidel Castro con 49 años y 8 días (16 de febrero de 1959 al 24 de febrero de 2008); Chiang Kai-shek que gobernó China durante 46 años y 177 días (10 de octubre de 1928 al 5 de abril de 1975) y Kim Il-sung, de Corea del Norte, que antes de heredar el cargo a su hijo, gobernó durante 45 años y 302 días (9 de septiembre de 1948 al 8 de julio de 1994). En las revueltas árabes los años en el poder presagian la caída. Zine El Abidine Ben Ali gobernó Túnez durante 23 años; Hosni Mubarak gobernó durante 29 años Egipto.

Es la hora de la caída de Gaddafi, "el perro loco de Oriente Próximo", como lo llamó Reagan; el "megalómano capaz de desencadenar la tercera guerra mundial con el único fin de aparecer en la primera página de los periódicos", que describió Bush. Hoy que dispara contra su propio pueblo todas las leyendas del delirio por el poder de Gaddafi son certezas. Si no cae, como dice el filósofo francés Bernard- Henri Levy "los libios vivirán bajo la amenaza de un loco que ya no tiene nada que perder y que, tarde o temprano, hará lo que sea para que Libia desaparezca con él".

El autor es politólogo y analista político.